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Cambio de blog

Señores, me cambio de blog. A partir de ahora estaré AQUÍ .

Este permanecerá abierto pero sin actualizarse...
09/06/2009 12:02 Autor: Maxi. #. No hay comentarios. Comentar.

Ingenio asesino: el Cañón de París

El 21 de Marzo de 1918, poco después de las 7 de la mañana, París se despertó sobresaltado. La ciudad había sido alcanzada por algún tipo de explosivo, seguramente lanzado desde un nuevo dirigible alemán, ya que no se había oído ruido alguno de motores que delatase la presencia de aviones. Sólo cuando se recuperaron fragmentos del explosivo se hizo claro que el impacto se debía a un proyectil de artillería; algo que no se había visto hasta entonces, con morro cónico (rasgo inusual para la época) y construido en un fortísimo acero. Pero ¿desde donde había sido disparado el proyectil?


Se tardó solo un par de horas en descubrir al culpable. Un aviador francés, Didier Daurat, vio en el bosque de Coucy (a 120 kilómetros de París) un cañón de tamaño monstruoso, colosal. Se trataba del nuevo Paris-Geschütz, el Cañón de París, llamado también Kaiser Wilhelm Geschüt o Cañón del kaiser Guillermo.


Manufacturado por las industrias Krupp, se trataba de un monstruo de 26 metros de largo y más de 250 toneladas de peso. Se basaba en modelos de artillería naval, con un calibre de 210 mm. Debido a sus dimensiones debía moverse y operar desde unas vías de tren construidas expresamente; precisaba de 80 miembros de la marina alemana, bajo las órdenes de un almirante, para operar correctamente. Para dispararlo era necesario construir una base de hormigón bajo él para ayudar a resistir el retroceso, y se le rodeaba de varias baterías de artillería convencional que disparaban a la vez, para evitar que británicos y franceses pudiesen localizarlo al abrir fuego.


Años antes, ya en 1909, las fábricas Krupp habían presentado un modelo de cañón-mortero de un calibre colosal (420 mm), que superaba las mayores armas navales de su tiempo. El “Gran Berta” lanzaba proyectiles de casi un metro de largo y 800 kilogramos a 14.500 metros de distancia, y fue empleado exitosamente para demoler las fortificaciones belgas cuando se iniciaron las hostilidades en 1914. Cuando se hizo evidente que los alemanes no iban a acercarse tanto a París en un futuro inmediato, se desarrolló un arma capaz de alcanzar la capital francesa incluso desde la respetable distancia a la que habían logrado aproximarse. Así nació el tremendo Cañón de París.


Los alemanes habían calculado, acertadamente, que si lanzaban un proyectil con una velocidad de salida de 1.600 metros por segundo y con un ángulo lo bastante pronunciado, la parábola resultante daría al proyectil una altura de 40 kilómetros y un alcance de más de 100. Y, efectivamente, este arma podía lanzar proyectiles de 94 kg. a una distancia máxima de 130 km. Tal era la potencia de la carga explosiva al disparar, que cada proyectil se “comía” una porción del interior del cañón. Cada uno de los obuses estaba numerado y tenía una anchura algo mayor que el anterior; para compensar este desgaste producido por cada disparo, debían dispararse en el orden correcto y únicamente después de minuciosas medidas y cálculos por parte de la dotación, para evitar fallos de precisión o accidentes en el disparo. Tras 65 disparos, de calibre progresivamente mayor, el cañón tenía que ser sustituido. La distancia de disparo era tan grande que el efecto Coriolis (la diferencia relativa de velocidad de rotación de la tierra en el ecuador respecto a los polos) afectaba al punto de impacto final haciendo que cada disparo se desviase hacia la derecha.


El Cañón de París no tuvo, en general demasiado éxito como arma. Era totalmente imposible apuntar a algo que fuese más pequeño que una ciudad grande, transportarlo era una pesadilla logística y el mantenimiento y los recambios hacían que su uso fuera lento y muy caro. En total hizo entre 320 y 367 disparos, causando 250 muertos y más de 600 heridos. Sin embargo, uno puede imaginarse el efecto que un arma de tales características tiene en la moral del enemigo. De pronto ni siquiera París era seguro, ya que los monstruosos inventos alemanes podían dejar su carga de muerte a las orillas mismas del Sena. El efecto desmoralizador y atemorizante que el Cañón de París tuvo sobre Francia fue sin duda mucho más importante que los daños personales y materiales que pudo haber causado. Más que un arma de guerra, el Cañón de París fue concebido, y funcionó, como un arma psicológica. Una especialmente impresionante...


En Agosto de 1918, ante el riesgo de que cayese en manos de los Aliados, el cañón fue presumiblemente desmontado y destruido, ya que los aliados jamás hallaron rastro de él. Se encontró un segundo bastidor (la montura-transporte del arma) escondido en un castillo francés, pero no había rastro de su correspondiente cañón. Los planos y diseños nunca fueron recuperados.



Daños causados por uno de los obuses.Photobucket

Dos vistas del enorme cañón.Photobucket

Photobucket

07/06/2009 23:52 Autor: Maxi. #. Hay 1 comentario.

COR 1D10/1D100

Cthulhu fhtagn!

Pulpo

04/05/2009 21:55 Autor: Maxi. #. Hay 3 comentarios.

El bruto

20090418222914-v75ild.jpg

De la mano de Isra descubro este juego flash de peleas bastante viciante. El nombre es autoexplicativo, consiste en pegarse con otros personajillos de todo el mundo. Y ni siquiera hay que registrarse...

¡Podéis pegaros conmigo aquí!

18/04/2009 22:29 Autor: Maxi. #. No hay comentarios. Comentar.

Sin palabras

20090415193309-los-vengadores-atemporales.jpg

Que la maestría gráfica de Iván hable por sí misma...

A tamaño completo aquí.

15/04/2009 19:33 Autor: Maxi. #. Tema: Chorradas. Hay 2 comentarios.

Rebajas


Todos somos muy ignorantes, pero no todos ignoramos las mismas cosas. Sin ir más lejos, yo hoy ignoraba la que me esperaba cuando me internaba en un centro comercial cualquiera, cerca de Santander. De no ser así, hubiese hecho la compra en la tienda de ultramarinos más desierta e inaccesible de Cantabria.

La agonía comenzó antes incluso de bajarse del coche, en el propio aparcamiento. Cientos, miles de conductores competían por dejar su ataúd rodante en una plaza lo más cercana posible a la entrada. Sí, cercana y cómoda, para no malgastar sus energías antes incluso de llegar a su tienda preferida, esa que anunciaron ayer en su cadena favorita. No importa el hecho de que no recordaran el nombre de la tienda, o lo que se vendía en ella. O por qué querían llegar a ella. Lo que importaba era llegar, empujar, acelerar, frenar, acelerar de nuevo y odiar, odiar sin límite a los demás conductores, a aquellos que podían haber sido amigos o vecinos y sin embargo ahora eran rivales, enemigos, seres sin rostro de mirada descompuesta que pretendían arrebatarte el derecho de aparcar cerca. ¿Cerca de dónde? ¡No importa! ¡Cerca!

Me bajo del coche. No estoy cerca de la entrada. Camino hasta el acristalado edificio y me sumerjo en la calculada atmósfera del interior. No me ha resultado difícil llegar, pero dentro la cosa cambia. Personas, personas, personas. Me gustaría creer que realmente lo son; al menos lo parecen. Miles de ellas revolotean de un lado a otro, sin tratar de ocultar el hecho (tal vez por ignorarlo) de que no saben dónde demonios están yendo. El hilo musical resuena, cuidadosamente planeado, como un himno lejano y cálido.

Colas, filas, largas líneas de gente. En todas partes, para todo. Las personas que componen las colas parecen reses dispuestas a ser sacrificadas, voluntaria y gustosamente; se miran con recelo, con angustia. Todos ellos están cansados, ansiosos, aburridos y deseosos de estar en cualquier otra parte. Pero el deseo de estar allí, de experimentar esa falsa sensación de libertad otorgada por el hecho de poder comprar lo que realmente no necesitas, se impone a todo lo demás. No importa que su hijo llore desde el carrito, en un desesperado intento de reclamar una atención que probablemente nunca tendrá; tampoco que tu hija de 13 años te odie, con todas las fuerzas de su abotargado cerebro, por haberte negado a ir a su tienda favorita; realmente da igual que tu mujer, incapaz ya de experimentar ninguna emoción en su reseco corazón a fuerza de desengaños y mentiras, sea una pálida sombra babeante y desquiciada. Nada de eso importa. Ni siquiera La Crisis, esa entelequia enorme, inabordable, colosal, que amenaza con destruir todo y a todos, de la que hablan cada día en tu telediario favorito. No, no recuerdas cuál es.

Aquí una mujer oronda, repulsiva, escarba con manos ávidas en un montón desordenado de cosas; no puede saber qué busca, pues su mirada desquiciada da claras muestras de no saber siquiera de qué es ese montón. Allá, varias amigas preadolescentes, histéricas, enloquecidas ya por la publicidad y la televisión, berrean frases sin sentido tratando en vano de llamar la atención sincera de alguien que las valore como seres humanos; en el fondo de sus jóvenes mentes empieza a abrirse paso la idea de que eso jamás ocurrirá, por lo que compran aún más, rebuscan bazofia aún con más ahínco, tiran aún más dinero en la imparable y siempre hambrienta máquina del capitalismo. Acullá, un matrimonio deshecho ya años atrás ignora su desdicha a base de comprar; para ella, ropa, bolsos y zapatos que no necesita; para él, colonias y cremas que nunca utilizará, accesorios para un coche que acabará, con toda seguridad convirtiéndose en su tumba.

No hay lugar alguno donde exista un resquicio de cordura o lógica. Todo ha sido invadido por el frenesí, una desbocada locura dirigida únicamente al acto de tener, tener, tener. Nada más importa. Sólo comprar, rebuscar, comprar, hacer cola, rebuscar. Incluso los dependientes, agotados física y mentalmente por jornadas de trabajo ilegales e indignas, son incapaces de poner freno a la inmunda marea de clientes sudorosos, de gritar un “¡basta!” que nos saque a todos del abotargamiento.

No sé cuánto tiempo ha pasado. He comprado lo necesario y corro hacia el coche, no con intención de llegar a casa –las salidas están colapsadas desde hace horas- sino únicamente para resguardarme, para encerrarme a salvo de la degradante marea en la que se ha convertido de pronto el mundo. Al cabo de un tiempo ya he conseguido alejarme y ponerme a salvo en una casa en las afueras, donde ni siquiera se escucha el sonido del tráfico. Pienso en el temible futuro que espera a una humanidad que se ha reducido a sí misma a tan lamentable estado; por un instante tengo una visión del mundo que hemos construido devorándose a sí mismo, sin poder detenerse jamás debido a la demencial inercia adquirida en décadas y décadas de consumo irracional, innecesario y abusivo. Veo un mundo, devastado ya por nuestra locura, agradecido por vernos finalmente extintos, desaparecidos, víctimas de nuestro propio y lento suicidio colectivo.

Existe un lugar donde la miseria, la estupidez y la demencia humana alcanzan su más terrorífica expresión: un centro comercial en rebajas.
07/01/2009 22:40 Autor: Maxi. #. Tema: Chorradas. Hay 2 comentarios.

Sin sentido (o sinsentido)

Una mujer me ha envenenado el alma,
otra mujer me ha envenenado el cuerpo;
ninguna de las dos vino a buscarme,
yo de ninguna de las dos me quejo.

Como el mundo es redondo, el mundo rueda;
si mañana, rodando, este veneno
envenena a su vez ¿por qué acusarme?
¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron?

¡Pues no, no puedo! Así que a joderse, coño ya.

Ejem... ya dijo Napoleón que las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo.

Baaah, yo qué sé...

21/07/2008 09:29 Autor: Maxi. #. Tema: Chorradas. Hay 4 comentarios.

Loquillo - Cadillac Solitario

Esta me la dedico a mí, qué coño...

Siempre quise ir a L.A.,
dejar un día esta ciudad.
Cruzar el mar en tu compañía.

Pero ya hace tiempo que me has dejado,
y probablemente me habrás olvidado.
No sé que aventuras correré sin ti.

Y ahora estoy aquí sentado
en un viejo Cadillac de segunda mano
junto al Mervellé, a mis pies mi ciudad
y hace un momento que me ha dejado,
aquí en la ladera del Tibidabo,
la última rubia que vino a probar
el asiento de atrás.

Quizás el "martini" me ha hecho recordar
nena, ¨por qué no volviste a llamar?
Creí que podía olvidarte sin más
y aún a ratos, ya ves.

Y al irse la rubia me he sentido extraño,
me he quedado solo, fumando un cigarro,
quizás he pensado, nostalgia de ti
y desde esta curva donde estoy parado
me he sorprendido mirando a tu barrio,
y me han atrapado luces de ciudad.

El amanecer me sorprenderá
dormido, borracho en el Cadillac,
junto a las palmeras luce solitario
y dice la gente que ahora eres formal
y yo aquí borracho en el Cadillac
bajo las palmeras luce solitario.
Y no estás tú, y nena no estás tu
o nena nena nena
no estás tú...

13/06/2008 14:56 Autor: Maxi. #. Hay 1 comentario.

La falacia del jugador

Jugador 1: He tirado esta moneda al aire diez veces, y las diez ha salido cara. ¿Qué crees que saldrá cuando la tire al aire por onceava vez? ¿Saldrá cara o cruz?

Jugador 2: Si ha caído ya diez veces de cara, es muy difícil que vuelva a hacerlo. Creo que saldrá cruz. De hecho, las probabilidades de obtener 11 caras seguidas son de 0,511 = 0,0004882... Ya ves, una posibilidad entre 2500.

La moneda vuela, describe una parábola y cae de cara una vez más. El jugador 1 sonríe maliciosamente; el jugador 2 hace un gesto de sorpresa...

¿Quién no ha oído alguna vez un razonamiento parecido? Los juegos de azar son un excelente caldo de cultivo para la proliferación de todo tipo de supersticiones, falacias y falsas creencias. Una de las más extendidas es la llamada falacia del jugador, que presupone que los sucesos pasados afectan a los sucesos presentes en actividades aleatorias como los juegos de azar. Muchas personas creen que un suceso tiene más o menos probabilidad de ocurrir por el hecho de que hayan o no hayan ocurrido recientemente. Esto, que puede ser cierto cuando hablamos de sucesos dependientes o relacionados (y más relacionados causalmente), es totalmente erróneo al referirse a sucesos independientes como lanzar una moneda al aire, acertar un número de lotería o tener un hijo varón.

Centrémonos en el caso de una moneda lanzada al aire. La probabilidad de que salga cara es del 0,50 (50 %), igual que la probabilidad de que salga cruz. Es cierto que la probabilidad de obtener 11 caras (o cruces, o una combinación determinada de caras y cruces) seguidas es de 0,0004882. Pero la probabilidad de que salga una cara en el lanzamiento número 11, o en cualquier otro, es completamente independiente del número de veces que haya salido antes. En cualquier lanzamiento hay un 50 % de probabilidades de obtener cara o cruz, independientemente de que antes hayamos obtenido una cara, diez, o cien. También es igualmente probable ganar el primer premio de una lotería aunque lo hayas ganado la semana pasada, e igualmente probable ganar apostando siempre al mismo número que a uno diferente cada semana.

Cuando hablamos de probabilidad en sucesos independientes, la historia, sencillamente, no importa.


28/05/2008 13:46 Autor: Maxi. #. Tema: Falsas creencias. Hay 6 comentarios.

Thor y las pruebas del Rey de los Gigantes

Thor, poderoso dios nórdico del trueno y matador de gigantes, viajaba en una ocasión junto con su sirviente Thjalfe y Loki, dios del mal sutil y las travesuras malintencionadas. Los tres compañeros llegaron a Utgard, hogar de los temibles y soberbios gigantes del hielo; a lo lejos contemplaron un castillo, tan alto que para mirarlo debían levantar la vista casi hasta el cielo. Deseosos de encontrar refugio, se deslizaron a través de las barreras y entraron en la fortaleza. Vieron allí una multitud de hombres sentados en bancos, todos los cuales eran prodigiosamente altos. Les llevaron a presencia del rey de los gigantes, el poderoso Utgard-Loke (no confundir con Loki), que se comportó con gran altivez ante sus invitados. Sonriendo maliciosamente, dijo a Thor:

- Si no me equivoco, este niñito debe ser Thor; sin embargo, puede que seáis más de lo que parecéis a simple vista. ¿Qué habilidades y talentos poseéis? Porque debéis saber que aquí no toleramos la presencia de nadie que no se distinga en algún arte.

Respondióle Loke:

- Estoy dispuesto a mostraros mi arte; y es que nadie en esta sala puede comer tan rápido como yo lo hago.

- Veamos pues vuestro arte –respondió Utgard-Loke.

Trajeron entonces una gran bandeja de madera repleta de carne y la pusieron sobre una mesa; el rey de los gigantes mandó venir a uno de sus hombres, Loge, para que compitiese con Loke. Cada uno comenzó a comer por un extremo lo más rápido que pudo, y se encontraron justo en medio de la bandeja. Sin embargo, Loki había comido toda la carne dejando los huesos, mientras que Loge había consumido todo, carne, huesos, bandeja y mesa... Todos acordaron que Loki había sido claramente vencido.

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Preguntó entonces el rey qué sabía hacer el joven sirviente de Thor, Thjalfe. Este dijo que competiría en una carrera contra cualquiera de los hombres del castillo. Utgard-Loke sonrió de nuevo, y designó a un niño pequeño llamado Huge para que corriera contra Thjalfe.

- Debéis ser muy ágil si esperáis ganar, joven Thjalfe –comentó el rey con sorna.

Tres veces corrieron los dos jóvenes hasta una flecha lanzada a gran distancia. Las tres veces resultó ganador el niño Huge, con tanta ventaja que el pobre Thjalfe se encontraba aún a mitad de camino cuando él alcanzaba la meta. Todos los presentes decidieron que era suficiente y que Thjalfe había sido derrotado.

El rey miró entonces a Thor, preguntándole cuáles eran sus habilidades. Thor respondió con voz profunda: se enfrentaría bebiendo a cualquiera de los presentes. Utgard-Loke consintió, e hizo venir a su copero con un gran cuerno del que sus cortesanos bebían a menudo. Le dio el cuerno a Thor, diciendo:

- Cualquiera que sea buen bebedor vaciará este cuerno de un solo trago, aunque hay quien emplea dos tragos para ello; pero tampoco será mal bebedor el que consiga vaciarlo en tres tragos.

Thor tomó el cuerno y vio que era grande y largo. Puesto que tenía mucha sed, se lo llevó a los labios y bebió ávidamente sin respirar, tratando de vaciarlo de un trago. Cuando terminó, vio con sorpresa que el cuerno apenas se había vaciado. Utgard-Loke habló a Thor:

- ¡Bien bebido! Pero no hay que vanagloriarse; pensaba que el afamado Thor podría beber mucho más. Sin duda vaciaréis el cuerno en el segundo trago.

De nuevo bebió el poderoso Thor, durante tanto tiempo como pudo contener la respiración; y de nuevo vio que el contenido apenas había bajado.

- ¿Guardáis lo mejor para el final, Thor? –comentó el rey con una sonrisa maliciosa- Debéis beber mucho si queréis vaciar el cuerno con el tercer trago; espero que mostréis mayor habilidad en los otros juegos...

Furioso, Thor bebió tan rápido y profundamente como pudo, tratando de vaciar el cuerno a toda costa. Pero nuevamente vio que la bebida apenas había bajado un poco. Desesperado, devolvió el cuerno al copero.

- Bien –dijo Utgard-Loke-, es evidente que vuestra fuerza no es tan grande como se esperaba. Pero, decidme, ¿querríais tomar parte en otros juegos?

- Probaré otros juegos –dijo torvamente Thor-, aunque estoy convencido de que otros hombres no considerarían poca cosa mis tragos. ¿Qué nueva prueba me proponéis?

- Bien, nuestros niños suelen jugar a un juego insignificante; muy poca cosa es, pero os lo propongo porque veo que no sois en absoluto como pensábamos, Thor. Levantad del suelo a este pequeño gato.

Y un gato gris apareció en la estancia, para diversión de los gigantes. Thor avanzó y agarró al animal; pero por más fuerza que hiciese, no conseguía despegar del suelo las patas del gato. La espalda del gato se encorvaba mientras Thor trataba de levantarlo, y sólo una vez consiguió despegar del suelo una sola de las patitas del animal. Finalmente, Thor renunció.

- El gato es grande, pero Thor es pequeño –comentó Utgard-Loke con una sonrisa.

Furioso, Thor desafió entonces a cualquier a de los presentes a un combate singular. Utgard-Loke rió de nuevo:

- No creo que ninguno de mis hombres quiera rebajarse a luchar contra Thor; sin embargo, pienso que la vieja Elle, mi nodriza, pueda proporcionaros algún desafío.

Y entró en la sala una vieja desdentada, con la espalda encorvada, a la que el rey de los gigantes invitó a luchar contra Thor. Thor, desesperado, arremetió contra ella una y ora vez; pero, cuanto más la acosaba, más firme se mantenía ella. Pasaron mucho tiempo peleando. Pero, finalmente, fue Thor quien dobló la rodilla.

Utgard-Loke dio entonces por finalizados los juegos y dijo que ya no tendrían nuevas oportunidades para mostrar su valía; había quedado probado que los dioses nada podían ante la fuerza de los gigantes. No obstante, les invitó a pasar la noche en el castillo y les ofreció su hospitalidad.

Al día siguiente los compañeros, abatidos, comieron en el castillo y más tarde reemprendieron su viaje. Utgard-Loke les acompañó hasta la salida del castillo y preguntó a Thor si en sus viajes había conocido a alguien más poderoso que él. Thor respondió que había sufrido un gran deshonor a manos de los gigantes de Utgard; y lo que más le mortificaba era que le considerasen hombre de poca importancia. Pero Utgard-Loke dijo entonces:

- Os confesaré la verdad, ahora que habéis salido de mi castillo, donde jamás mientras yo reine volveréis a poner el pie. Nunca imaginé la fuerza que ibais a demostrar y lo cerca que estaríais de vencernos y humillarnos. Debéis saber que continuamente os he engañado con mis trampas, sin que nunca os percataseis de ello. En primer lugar, aunque Loki tuviera hambre, su rival Loge no era otro que el fuego furioso –pues Loge significa, efectivamente, fuego-, de ahí que devorase todo a su paso y derrotase fácilmente a vuestro compañero. Huge –pensamiento-, que corrió contra vuestro sirviente Thjalfe, no era otro que mi propio pensamiento, y era imposible que Thjalfe compitiese en rapidez con él. En cuanto al cuerno... cuando tratasteis de vaciarlo realizasteis una hazaña casi imposible de imaginar, pues su extremo estaba unido al propio mar; habéis vaciado parte de él con vuestros sorbos, creando lo que ahora se conoce como marea. Tratando de levantar al gato realizasteis otra gran hazaña, pues el gato era en realidad la propia Serpiente Midgard, monstruo que rodea la tierra entera con su inmenso cuerpo, y a la que lograsteis levantar sin daros cuenta. Nadie podría haber realizado semejante proeza de fuerza. Y, ¿qué decir de vuestra lucha con Elle? La encorvada vieja no era otra que la Vejez, y nunca existió ni existirá hombre alguno que pueda esperar vencerla; pues Elle no era otra que la Vejez, y jamás vi a nadie resistir sus acometidas como lo hicisteis vos. Y ahora que vamos a separarnos, debo advertiros que lo mejor para vos y para mí será que nunca más volvamos a encontrarnos; la fuerza de uno y las artimañas del otro nos hacen estar igualados y nada podríamos uno contra el otro.

Thor, por supuesto, se enfureció. Trató de golpear al rey de los gigantes con Mjolnir, su martillo, pero Utgard-Loke desapareció justo a tiempo. Luego Thor corrió de vuelta hacia el castillo con ánimo de destruirlo, pero no encontró ni rastro de la fortaleza: en su lugar sólo había una llanura extensa y verdeante.

Thor había sido burlado por un enemigo astuto y hábil. En su vida llevaría a cabo muchas y variadas gestas heroicas; pero eso ya es otra historia...

03/05/2008 15:46 Autor: Maxi. #. Tema: Mitología. Hay 5 comentarios.


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