Blogia
Lo demás es silencio.

Falsas creencias

La falacia del jugador

Jugador 1: He tirado esta moneda al aire diez veces, y las diez ha salido cara. ¿Qué crees que saldrá cuando la tire al aire por onceava vez? ¿Saldrá cara o cruz?

Jugador 2: Si ha caído ya diez veces de cara, es muy difícil que vuelva a hacerlo. Creo que saldrá cruz. De hecho, las probabilidades de obtener 11 caras seguidas son de 0,511 = 0,0004882... Ya ves, una posibilidad entre 2500.

La moneda vuela, describe una parábola y cae de cara una vez más. El jugador 1 sonríe maliciosamente; el jugador 2 hace un gesto de sorpresa...

¿Quién no ha oído alguna vez un razonamiento parecido? Los juegos de azar son un excelente caldo de cultivo para la proliferación de todo tipo de supersticiones, falacias y falsas creencias. Una de las más extendidas es la llamada falacia del jugador, que presupone que los sucesos pasados afectan a los sucesos presentes en actividades aleatorias como los juegos de azar. Muchas personas creen que un suceso tiene más o menos probabilidad de ocurrir por el hecho de que hayan o no hayan ocurrido recientemente. Esto, que puede ser cierto cuando hablamos de sucesos dependientes o relacionados (y más relacionados causalmente), es totalmente erróneo al referirse a sucesos independientes como lanzar una moneda al aire, acertar un número de lotería o tener un hijo varón.

Centrémonos en el caso de una moneda lanzada al aire. La probabilidad de que salga cara es del 0,50 (50 %), igual que la probabilidad de que salga cruz. Es cierto que la probabilidad de obtener 11 caras (o cruces, o una combinación determinada de caras y cruces) seguidas es de 0,0004882. Pero la probabilidad de que salga una cara en el lanzamiento número 11, o en cualquier otro, es completamente independiente del número de veces que haya salido antes. En cualquier lanzamiento hay un 50 % de probabilidades de obtener cara o cruz, independientemente de que antes hayamos obtenido una cara, diez, o cien. También es igualmente probable ganar el primer premio de una lotería aunque lo hayas ganado la semana pasada, e igualmente probable ganar apostando siempre al mismo número que a uno diferente cada semana.

Cuando hablamos de probabilidad en sucesos independientes, la historia, sencillamente, no importa.


¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Psicología y horóscopos: el efecto Forer

En 1948 un psicólogo de la Universidad de California pasó un test de personalidad a sus alumnos. Después de un tiempo, y basándose en los resultados del test, volvió con un perfil personal de cada uno de sus alumnos donde se describía su personalidad, forma de ser, su moral, etc. Cada uno de los alumnos leyó en silencio (y en privado) su descripción. Muchos se sorprendieron de verse tan fielmente descritos después de haber contestado a un sencillo test; todos ellos admiraron la gran habilidad de su profesor. Éste, por su parte, les pidió que puntuasen el perfil en una escala del 0 (muy pobre) al 5 (excelente), basándose en la precisión con la que los describía. El resultado, como era de esperar fue muy bueno: la nota media fue de 4,26.

Entonces el profesor hizo algo extraño. Puso una transparencia en el proyector y todos los alumnos pudieron leer lo siguiente:


Tienes la necesidad de que otras personas te quieran y admiren, y sin embargo eres crítico contigo mismo. Aunque tienes algunas debilidades en tu personalidad, generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una considerable capacidad sin usar que no has aprovechado. Disciplinado y controlado hacia afuera, tiendes a ser preocupado e inseguro por dentro. A veces tienes serias dudas sobre si has obrado bien o tomado las decisiones correctas. Prefieres una cierta cantidad de cambios y variedad y te sientes defraudado cuando te ves rodeado de restricciones y limitaciones. También estás orgulloso de ser un pensador independiente; y de no aceptar las afirmaciones de los otros sin pruebas suficientes. Pero encuentras poco sabio el ser muy franco en revelarte a los otros. A veces eres extravertido, afable, y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, precavido y reservado. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser poco realistas.

Algunos fruncieron el ceño. Otros se rieron. Tardaron unos minutos en comprender que su profesor les había dado la misma descripción a todos ellos.

El psicólogo se llamaba Bertram R. Forer y había corroborado de forma más o menos experimental lo que mucho antes había sospechado: la tendencia del ser humano a identificarse con descripciones y predicciones ambiguas, vagas, imprecisas. El Efecto Forer o falacia de la validación personal puede explicar en parte la creencia ciega de algunas personas en la efectividad de pseudociencias como la astrología, los horóscopos, la adivinación...

La próxima vez que echéis un vistazo a vuestro horóscopo acordaos del profesor Forer. O mejor de sus alumnos y las caras que se les debieron quedar.


Cocodrilos en las alcantarillas

Hace unos momentos Iker Jiménez y su Cuarto Milenio se ha encargado de recordarme una de las leyendas urbanas más extendidas, antiguas e inverosímiles que jamás han existido. Todos la conocéis ya, ¿no? Venga, que habéis visto películas y todo sobre el tema... Pues si, me refiero a la fascinante y divertida historia de... tachaaaaan, ¡los cocodrilos de las alcantarillas de Nueva York!

Básicamente, la historia es la siguiente: alguien compra un pequeño caimán o cocodrilo como mascota exótica, pero se deshace de él cuando su tamaño empieza a ser “poco manejable”. El reptil acaba siendo arrojado por el retrete y llega hasta las cloacas, donde sobrevive a base de ratas, despojos y –poniéndonos salvajes- mendigos, que le hacen alcanzar un tamaño considerable. Se supone que bajo el suelo de N.Y. habría decenas, tal vez cientos de estos animales, arrojados al olvido por amos irresponsables y posteriormente engordados por los despojos de la sociedad que vive sobre ellos.

Ya conocemos la leyenda. Ahora, destripémosla.

El cocodrílido a la que se refiere la leyenda es probablemente un aligátor americano (Alligator mississippiensis). Hay varias especies de cocodrílidos en el continente americano, pero esta es la más cercana a N.Y. y la única presente en los EE.UU. Pues bien, el aligátor vive en zonas cercanas a Florida y necesita una temperatura de entre 25 y 32 ºC para sentirse cómodo. Cuando la temperatura baja de 27 ºC su apetito disminuye; si es menor de 23 ºC dejan de alimentarse. Por eso se alimentan y están activos durante el verano y la primavera y se dedican a hibernar plácidamente durante el resto del año. Recordemos que son animales de sangre fría y no pueden producir su propio calor corporal. Pues bien, las temperaturas de Nueva York no hacen de esta ciudad el lugar ideal para que ningún reptil viva en cautividad. Es cierto que durante el verano pueden alcanzarse los 35 ºC, pero de diciembre a enero las máximas están entre los 4 y los 6 ºC; de sobra para matar hasta al cocodrilo más resistente y mejor alimentado, creo yo.

Pero hay otra razón que hace imposible (o al menos sumamente improbable) que un cocodrilo viva en las alcantarillas. En las de Nueva York o en las de cualquier otra ciudad del mundo. Y es que en cada milímetro de nuestros sistemas de desagüe, cañerías, tuberías, colectores y cloacas está total y absolutamente invadido por bacterias, virus y demás formas de vida invisibles y más o menos dañinas. Ningún reptil podría sobrevivir en un ambiente tan cargado de toxinas mucho tiempo, ya que son seres delicados y sensibles a los ataques de bacterias como la Legionella, la E. colli, Salmonella, etc. Imposible, vamos.

La explicación ha sido breve pero suficiente. Más información sobre este tema en este artículo que sacaron hace tiempo en Snopes. Todos hemos oído las historias y visto películas (de hecho hay varias, si si, varias...). Pues bien, no son verdad. No hay reptiles en las alcantarillas. Ni en Nueva York ni en ninguna otra ciudad. Es una pena porque esta historia en concreto me ha fascinado desde pequeño, pero en fin...

Siempre podemos seguir buscando al Chupacabras, ¿verdad?


El rumor ataca de nuevo: botellones

Llega este fin de semana a mis oídos una noticia un tanto extraña: que se van a prohibir los botellones en España dentro de un mes. Digo que es una noticia un tanto rara por varias cosas: ¿una ley a nivel español que se aprueba de la noche a la mañana? No he oído nada últimente en el telediario ni en el periódico, cosa extraña teniendo en cuenta que la sola mención de la palabra "botellón" hace que todos los telediarios dediquen horas y horas a demostrar que semejante acto social es obra del demonio, asesino de jóvenes y destructor de civilizaciones.

Bien. Todo tiene una explicación. Y es que, evidentemente, no existe tal ley.

El 12 de Octubre, el parlamento andaluz aprobó la Ley de Potestades Administrativas en Materia de Actividades y Ocio en Espacios Abiertos. Esta ley de nombre pedante pretende regular el consumo de alcohol y el jolgorio en general fuera de los espacios reservados para ello. Me parece que sobre todo lo que intenta es reducir los efectos secundarios de los botellones como la suciedad, los ruidos, usar la calle como letrina, etc., y alejar las fiestas nocturnas de zonas como colegios y hospitales. Lo cual está muy bien. Pero la ley no afecta a toda España, sólo a Andalucía. Y ni siquiera a toda la comunidad, pues se deja libertad a los ayuntamientos para decidir si sancionan o no el consumo de alcohol y la fiesta en lugares no destinados a ello. Podéis leer un resumen de la ley en todo su esplendor aquí.

La ley, como he dicho, entra en vigor a mediados del mes que viene. A partir de esa fecha, por supuesto, todo va a seguir igual en Andalucía y la ley antibotellón no cambiará nada. Es lo que tiene que las leyes sean dictadas por personas totalmente ajenas al problema, que proponen soluciones irreales sin que haya recursos, tiempo ni ganas de llevarlas a cabo. Pero esa es otra historia.

La cuestión es que seguiremos como siempre en Asturias, que al fin y al cabo es lo que nos interesa.

¿Me olvido algo? Ah, sí:

Rumor 0 – Maxi 1

El efecto Coriolis y los desagües

Llevo tiempo sin escribir nada e Iván ha conseguido tentarme para desmentir una nueva falsa creencia, así que allá voy...

Existe la creencia, muy extendida, de que el agua se va por los desagües de nuestras casas en un sentido un en otro según estemos en el hemisferio norte o en el sur. Supuestamente, en el hemisferio norte el agua desaparece por el fregadero en sentido de las agujas del reloj, mientras que en el sur lo hace en sentido contrario. Las pocas personas que intentan explicar esto racionalmente recurren al efecto Coriolis. Incluso se ha afirmado que este efecto influye en la dirección en la que giran los perros antes de acostarse (!).

¿Qué es el efecto ese? El efecto o fuerza de Coriolis es una fuerza que se aplica a todo objeto que se desplace sobre otro objeto en rotación, siempre y cuando ambos tengan masa (evidente). Este efecto afecta, por supuesto, a todos los objetos que hay sobre un planeta en rotación. En la tierra, la fuerza de Coriolis desvía las trayectorias de los objetos que se desplazan hacia la derecha en el hemisferio norte y al revés en el sur.

¿Cómo se origina? El efecto Coriolis tiene su origen en la diferencia de velocidad que existe entre el ecuador y los polos. En el ecuador, la distancia a recorrer en un movimiento de rotación es mayor que en los polos, lo cual provoca una diferencia entre la velocidad de rotación en ambos lugares. Un objeto que se desplace desde el ecuador hacia uno de los polos se desviará (o más bien parecerá desviarse debido a la diferente rotación del planeta bajo él).

Explicado esto, debo decir que el efecto Coriolis no provoca que los desagües giren en un sentido diferente en cada hemisferio. Este efecto sencillamente no se produce. El efecto Coriolis actúa sobre fuerzas mucho más grandes que un simple desagüe, como por ejemplo un huracán o una corriente oceánica. La tierra gira tan lentamente (1 revolución al día) que el giro del agua en un desagüe (varias revoluciones por segundo) no puede verse afectado.

El sentido en el que gira el agua en nuestras bañeras, lavabos y desagües depende de otros factores ajenos al efecto Coriolis: vibraciones sísmicas, movimiento del aire en la zona, las corrientes creadas al retirar el tapón, las olas, forma y dirección del desagüe, el efecto Coanda, etc. Así que ya veis, algo tan simple como el giro del agua en nuestra bañera depende de infinidad de factores. Lo simple es siempre tan complejo...

En resumen: el agua no gira en uno u otro sentido dependiendo del hemisferio en el que estemos por mucho que el capítulo de Los Simpsons Bart contra Australia nos diga lo contrario.

PD: los derechos de autor de este artículo son para tí, Iván. Ya sabéis, las quejas también a él....

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Los cortes de digestión: que no nos engañen

Decía yo en mi primer artículo que algún día me iba a ocupar del tema de no bañarse después de comer. Y ya que ha llegado el verano, el calorcillo y la playa... ¿para qué esperar? ¡Destripemos este cuento de viejas!

Si hay algún recuerdo que casi todos compartiremos de nuestra infancia, es el de tener que esperar dos horas (ni un minuto más ni menos) para poder bañarnos después de habernos zampado el correspondiente bocadillo de jamón, chorizo o jamón york y queso en la playa. La espera se hacía eterna, inaguantable, y más aún por no acabar de comprender por qué demonios teníamos que esperar DOS HORAS. Con el paso de los años se da uno cuenta de que nuestros padres, evidentemente, tampoco sabían la explicación (y, de hecho, ni siquiera se habían molestado en comprobar si realmente existía una explicación).

¿Hay algo de cierto en la leyenda popular del corte de digestión? Pues... no diré que es del todo falso, porque algo de verdad hay.

Si preguntamos a nuestros padres qué es un corte de digestión, nos encontraremos con una sorpresa: nadie lo sabe. Es algo muy malo que te pasa si te bañas tras comer. O sea: comida + agua = cosa mala. Bien, he indagado un poco y creo haber descubierto a qué se refiere la expresión corte de digestión. Resulta que el corte de digestión o síncope por hidrocución es una súbita pérdida del conocimiento provocada por la inmersión repentina en agua fría. Y no hace que te pongas malo y te encuentres mal, sino que puede provocarte un paro cardiaco o fallo cardiorrespiratorio y hacerte morir ahogado.

Hay dos factores que pueden explicar por qué se produce este tipo de síncope


- el reflejo de inmersión: cuando nos sumergimos en agua, la presión arterial aumenta y el ritmo cardiaco disminuye de forma refleja. Este reflejo podría exagerarse hasta llegar a provocar un fallo en la frecuencia cardíaca (supongo que podrá causar arritmias, bajadas de tensión, paros cardíacos, ¿infartos?).

- el cambio de temperatura brusco de la piel al entrar en el agua. Las temperaturas altas hacen que la sangre circule por los tejidos superficiales del cuerpo (por eso nos ponemos colorados); en estas condiciones, una inmersión brusca en agua fría hace que la sangre se desplace rápidamente hacia los órganos internos provocando diversas alteraciones...

En resumen: el corte de digestión se produce por la diferencia de temperatura entre nuestro cuerpo y el agua en la que nos sumergimos. Pero ¡ojo!, podemos sufrir un corte de digestión por ducharnos con agua fría, hacer ejercicio o sencillamente coger frío.

Entonces, ¿tiene sentido esperar dos horas para bañarse tras la comida? Resumiendo: no. Es cierto que tras comer producimos algo más de calor, lo cual podría parecer que aumenta las probabilidades de morirse al entrar en el agua. Y ¿acaso no aumentamos nuestra temperatura corporal al estar tumbados al sol como lagartos? Hay otros remedios para evitar el riesgo de hidrocución: evitar meterse de golpe en agua fría, no hacer ejercicio intenso antes del baño, mojarse poco a poco, no entrar en el agua muy acalorado, etc.

Ay, ojalá este pequeño esfuerzo permita que algún crío se libre del castigo de las dos horas...


Los secretos de un DNI

Hace muchos años escuché por primera vez que uno de los números (parte de atrás, segunda fila de digitos a la derecha) de nuestro DNI indicaba la cantidad de españoles con los que compartíamos nuestro nombre y apellidos. Por aquella época en mi DNI el número en cuestión era 0 (y continúa siéndolo); y puesto que mi nombre y primer apellido no son demasiado frecuentes, la cosa era creíble. O al menos, lo parecía hasta que te parabas a pensarla...

¿Para qué demonios serviría saber cuántas personas se llaman igual que tú? ¿Tendría ese dato algún interés para la Seguridad Social, Hacienda, el INEM o los Hombres de Negro? ¿Que ocurría cuando nacía alguien con ese mismo nombre, invalidando así tu DNI? En fin, que poco a poco surgían interogantes que hacían este mito un tanto increíble.

El otro día tuve la suerte de encontrar la página de Josep Portella Florit, que gracias a su persistencia y sus indagaciones logró desvelarnos los insondables misterios de nuestro DNI. Los extraños números que figuran en la parte trasera (incluido el supuesto "contador de tocayos") son el resultado de a aplicación de un algoritmo que Josep consiguió descifrar y que se usa para reconocer ópticamente la información del DNI. Tan bien explicado está todo en su página que le cedo la palabra y os dejo el enlace aquí mismo. Asombrémonos ante sus descubrimientos: Desmitificando los Números del DNI

El 10% de nuesto cerebro

El 10% de nuesto cerebro

Yo cuando alguien me dice que sólo usamos el 10% del cerebro, hago un primer intento por hacerle ver que se equivoca. Si persiste con su burrada, invariablemente le tranquilizo diciendo que está en su derecho seguir utilizando la cantidad de cerebro que desee.

Iba a entretenerme explicando un poco de qué va este mito, pero a estas alturas es imposible que alguien no haya oído alguna vez esta afirmación. El caso es que según la cultura popular (“cultura” y “popular” son términos incompatibles, ya lo sé) el ser humano sólo hace uso del 10 % de su cerebro para desenvolverse en la vida. ¿De dónde ha salido semejante atentado contra la lógica? ¿Cómo es posible que nadie proteste cuando escucha una falacia de tamaño calibre? Vayamos por partes.

Los orígenes de este mito son confusos. El cerebro ha sido desde siempre “ese gran desconocido” del cuerpo humano, la sede del alma, la conciencia, las emociones y las películas de Stanley Kubick. A lo largo de los siglos se le han asignado multitud de funciones que, por decirlo brevemente, nunca existieron. Desde hace milenios se practican trepanaciones para extraer los “malos espíritus” que según multitud de culturas invadían nuestro cerebro. Descartes dijo que la glándula pineal era la sede del alma humana (dudo que fuera él quien lo dijo y pienso que más bien se limitó a defender la idea). Etcétera.

El mito emerge periódicamente en radio, televisión, periódicos, etc. La falacia del 10% es utilizada frecuentemente por psíquicos, curanderos, videntes, adivinos, brujas, pseudocientíficos y demás mercachifles como una explicación para sus increíbles poderes y capacidades. El argumento es bien sencillo: cuando el porcentaje de cerebro utilizado comienza a ascender, aparecen nuevos poderes sobrehumanos; si todos aprendemos a utilizar nuestro potencial, la humanidad dará un gran salto y bla bla bla. Por supuesto, para dar este gran salto es necesario comprar el libro o DVD que nos ofrece el charlatán de turno. Creo recordar que en alguno de los libros que existen sobre Uri Geller vuelve a aparecer mencionado el mito. Las pseudociecias y los charlatanes han hecho más por extender este mito que lo que habrían conseguido veinte universidades. El propio William James, filósofo, psicólogo, dijo en 1908 que "estamos haciendo uso solamente de una pequeña parte de nuestros posibles recursos mentales y físicos" (The Energies of Men, p.12). Una frase que, malinterpretada, da lugar a burradas como la que ahora nos ocupa. ¡Y Bart Simpson lo decía en el capítulo en el que se hace adicto al Focusín!

Evidencias en contra de esta chorrada:
- las técnicas de neuroimagen funcional como el PET o TEP (Tomografía por Emisión de Positrones) y la RMF (Resonancia Magnética Funcional) demuestran que utilizamos TODO el cerebro. Estas técnicas permiten saber qué parte del cerebro está siendo utilizada en un momento dado. Evidentemente no usamos todo nuestro cerebro a la vez (del mismo modo que no utilizamos todos nuestros músculos a la vez), sino en momentos diferentes dependiendo del tipo de tarea que estemos haciendo.
- A ver, si sólo utilizamos el 10% de cualquier cosa... ¿para qué tener el 90% restante? No sé... sería algo así como utilizar sólo nuestro dedo índice derecho y seguir cargando con los otros nueve a pesar de ser apéndices inútiles.
- Si sólo utilizásemos un pequeño porcentaje del cerebro, ¿para qué esta dividido y especializado en zonas y tejidos bien diferenciados? El cerebro no es una masa uniforme, sino más bien un conjunto de estructuras especializadas que se unen para formar un todo. El cerebelo, el tronco cerebral, el hipocampo o el cuerpo calloso son ejemplos de la gran variedad de “piezas” que lo componen. De ser cierto el mito del 10%, el cerebro debería ser una masa indiferenciada.

El sentido común (si es que existe) y la lógica (que tiene que existir por lógica) nos dicen que este tipo de chorradas que circulan por el mundo han de ser falsas a la fuerza. Por desgracia no es frecuente utilizar ni lo uno ni lo otro... Y de esta forma se extienden y se mantienen sandeces así. O como la de no bañarse después de comer, de la que me ocuparé otro día...

Más información:

El mito del 10% en Snopes.com (en inglés): http://www.snopes.com/science/stats/10percnt.htm

Técnicas de neuroimagen funcional (PET, SPECT, RMF): http://www.psicoactiva.com/atlas/cerebro.htm

Atlas del cerebro: http://www.psicoactiva.com/atlas/cerebro.htm

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres